Estudiar en el Perú no cuesta solo lo que aparece en una matrícula o una pensión. Para miles de familias, el gasto educativo real empieza con útiles, uniforme, calzado, mochila, libros, transporte, alimentación, internet, copias, cuotas, actividades escolares y, en algunos casos, dispositivos tecnológicos.

De acuerdo con un reporte de Gestión sobre la campaña escolar 2026, la canasta escolar por alumno puede ubicarse alrededor de S/ 600, considerando útiles, mochila, uniforme y calzado. El gasto total puede llegar hasta S/ 1,200 si se incluyen libros escolares y dispositivos básicos, como calculadoras o una tablet sencilla.

La educación pública tampoco es gratuita para el bolsillo familiar

La matrícula en colegios públicos no debe cobrarse, pero eso no significa que educar a un hijo no genere gasto. El Instituto Peruano de Economía, con base en datos de la Encuesta Nacional de Hogares, señaló que un hogar peruano con niños en la escuela destina en promedio 2,7% de sus ingresos por cada niño a gastos educativos.

El impacto es mayor en los hogares de menores ingresos. Según el IPE, ese porcentaje sube a 4,8% en el quintil más pobre. La razón es clara: aunque el 93% de los niños de ese grupo asiste a colegios estatales, sus familias siguen pagando útiles, uniformes, calzado y otros gastos asociados.

Los gastos invisibles que no entran en la lista escolar

El problema no termina con la compra de marzo. Gestión advierte que hay gastos cotidianos que suelen subestimarse: movilidad escolar o pasajes diarios, loncheras, snacks, bebidas, impresiones, copias, materiales adicionales y dinero para actividades escolares.

En un hogar con dos hijos en edad escolar, esos costos pueden superar los S/ 1,500 o incluso S/ 2,500 durante la campaña escolar, dependiendo del tipo de institución educativa y del nivel de exigencia de materiales. Para muchas familias, esa diferencia se cubre con tarjetas de crédito, préstamos de corto plazo o ajustes en alimentación, salud y otros gastos del hogar.

Uniformes, libros y tecnología: el gasto que se repite cada año

El regreso a clases también reactiva compras que no siempre pueden postergarse. Los uniformes se renuevan por crecimiento o desgaste; los zapatos escolares rara vez duran más de un año; los libros cambian por grado; y la tecnología se ha vuelto parte del proceso educativo, especialmente desde la expansión de tareas digitales y plataformas virtuales.

En colegios privados, las pensiones y matrículas agregan una carga adicional. En colegios públicos, donde no debería cobrarse matrícula, el peso se traslada a gastos complementarios. En ambos casos, el costo educativo real termina siendo más amplio que el monto formal que aparece en los recibos.

Indecopi y las reglas que los padres deben conocer

Indecopi ha recordado que los colegios privados no pueden obligar a comprar útiles, uniformes o libros en un proveedor específico. Tampoco pueden exigir la entrega total de útiles desde el primer día de clases si estos no serán usados de inmediato.

Estas reglas son importantes porque el gasto escolar suele concentrarse en pocas semanas y puede llevar a compras apresuradas. Para las familias, comparar precios, revisar listas y conocer sus derechos puede reducir parte de la presión económica.

El dato de fondo

El IPE advierte que, para los hogares de menores ingresos, los útiles, uniformes y calzado representan alrededor del 60% del gasto educativo. Ese dato revela que el problema no está solo en las pensiones privadas, sino también en los costos básicos que acompañan la educación escolar.

La pregunta pública es si el Estado y las instituciones educativas están mirando el gasto educativo completo o solo la matrícula formal. Porque cuando una familia no puede cubrir movilidad, uniforme o materiales, el derecho a estudiar empieza a depender de la capacidad del hogar para financiar costos que muchas veces no aparecen en el debate.