Mundo 2026-06-28 Redacción Pulso Crítico

Diáspora venezolana en Perú moviliza ayuda tras terremoto del 24 de junio

Comunidades migrantes en Lima y Huancayo organizan centros de acopio mientras instituciones estatales venezolanas permanecen ausentes en respuesta a la catástrofe.

Diáspora venezolana en Perú moviliza ayuda tras terremoto del 24 de junio
Lo esencial
  • Terremoto en Venezuela el 24 de junio dejó víctimas fatales y desaparecidos; respuesta gubernamental ausente
  • Comunidad venezolana en Perú: 1.3 millones de migrantes; segundo grupo más numeroso en territorio peruano
  • Academia de danza en Huancayo convertida en centro de acopio; diáspora organiza ayuda coordinada con Cancillería peruana

Un terremoto sacudió Venezuela el miércoles 24 de junio, dejando un saldo de víctimas fatales y personas desaparecidas cuya magnitud aún se calcula. Dixon Morales Peña, profesor de danza y exresatista voluntario que reside en Perú desde hace diez años, perdió dos amigos en la tragedia y reporta dos desaparecidos más entre sus conocidos. Mientras familiares directos del docente permanecen en Venezuela, incluyendo su madre y hermano, la respuesta institucional del gobierno de Nicolás Maduro ha brillado por su ausencia en zonas afectadas.

La migración venezolana representa un factor geopolítico crítico para el Perú, con implicaciones en seguridad, mercado laboral e institucionalidad democrática. Según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, más de 1.3 millones de venezolanos residen en territorio peruano, constituyendo la segunda comunidad migrante más numerosa. La capacidad de organización comunitaria observada en Huancayo y Lima refleja tanto la solidaridad interna de estas poblaciones como la debilidad estatal venezolana para atender desastres naturales, factor que perpetúa presiones migratorias hacia economías vecinas más estables.

Sociedad civil venezolana: respuesta desde la diáspora ante colapso institucional

Dixon Morales y su esposa Louisiana Hernández transformaron su academia Latinos Baile, ubicada en Huancayo, en un centro de acopio multifuncional. Según el relato de Morales: "Nos enteramos de un llamado de hermanos venezolanos en Lima y quisimos sumarnos, aunque fuera con una campaña chiquita entre nuestros alumnos. Pero el mensaje se corrió y llegó a toda la comunidad venezolana de Huancayo, que empezó a traer su granito de arena". La academia concentra medicamentos, alcohol, algodón, insumos médicos, agua embotellada, víveres, pañales y herramientas.

El espacio que antes funcionaba para danza afrocaribeña ahora opera como centro de apoyo psicosocial y logístico. Morales, con experiencia en operativos de rescate por inundaciones en Venezuela, advierte sobre las dimensiones reales de la catástrofe: "No hay manera de medir todavía la tragedia. Vamos a tardar meses en saber realmente qué pasó, hasta qué punto es grave. Hay zonas a las que no llega ayuda porque Venezuela no estaba preparada para algo así". La red de donantes incluye empresas, iglesias y ciudadanos peruanos, coordinando envíos hacia Lima a través de la organización de Óscar Pérez, en contacto con la Cancillería peruana.

Fragilidad estatal venezolana y presión migratoria hacia Perú

La respuesta privada desde la diáspora evidencia un colapso de capacidades estatales en Venezuela bajo la administración Maduro. Morales subraya: "Todos estamos afectados, preocupados y también furiosos, porque el gobierno no está ayudando. Todavía hay gente bajo los escombros. Hay quienes lo perdieron todo". Esta ausencia institucional refuerza patrones de emigración económica y por seguridad que han mantenido a Perú como destino prioritario para migrantes venezolanos.

Para el Perú, la capacidad de la sociedad civil venezolana de autoorganizarse es un indicador tanto de resiliencia comunitaria como de erosión democrática regional. La institucionalidad peruana enfrenta presiones adicionales para gestionar migración, servicios públicos e integración laboral en contextos donde el país de origen muestra incapacidad para atender emergencias. La coordinación entre la diáspora, ONGs peruanas como la de Pérez y la Cancillería demuestra que actores no estatales subsanan vacíos que gobiernos regionales debería cubrir, fenómeno que anticipa nuevas oleadas migratorias si Venezuela mantiene su trayectoria de deterioro institucional.

La estabilidad política y económica peruana dependerá de consolidar instituciones que gestionen migración masiva sin comprometer mercados laborales, servicios públicos ni cohesión social. La fortaleza democrática regional exige que gobiernos como el peruano mantengan vigencia constitucional, capacidad estatal y respeto al Estado de derecho—atributos que contrastan agudamente con la Venezuela de Maduro y que explican por qué comunidades enteras optan por reconstruir sus vidas en territorio peruano antes que retornar.

Nota editorial: Este artículo fue elaborado con información de fuentes periodísticas verificadas. Pulso Crítico es un portal de noticias independiente.